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Ponencia “Reestructurando negocios” en el programa de continuidad de la Escuela de Negocios IESE

Descarga la presentación en PDF: Presentación IESE- Improven “Reestructurando negocios”icon_pdf

El pasado 8 de diciembre, Eduardo Navarro, socio director de IMPROVEN impartió la conferencia “Reestructurando Negocios” junto al Profesor Manuel Velilla en el programa de continuidad de la escuela de negocios IESE.

La presentación comienza indicando la gran cantidad de oportunidades que aparecen en tiempos de crisis para después identificar cuales son las mejores prácticas de las empresas que mejor gestionan en estas situaciones. Además, aparece un decálogo de cuales son las mejores actitudes en los líderes de las organizaciones en tiempos de crisis así como una metodología de gestión del cambio.

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¿Cómo pueden ser los próximos meses en las empresas?

Los últimos meses tienen un sabor agridulce en las empresas. Por un lado, el mensaje oficial es que la crisis ha tocado fondo, parece que hay algunos de los países más importantes del mundo que empiezan a salir, la bolsa se comporta mejor, etc. Por otro lado, la realidad del día a día de las empresas que tienen la mayoría de su negocio en España es que las ventas y resultados están siendo muy complicados. Por ello, la pregunta que se hacen muchos empresarios y directivos es ¿qué puede suceder a corto plazo? ¿nos preparamos para la salida de la crisis o seguimos reinventando nuestro negocio?

A nivel del entorno, la previsión es que los próximos meses van a ser duros en España debido a que nos enfrentamos al crecimiento del paro y de la morosidad de la banca, el sector inmobiliario seguirá sin reactivarse y el consumo sufrirá debido al empobrecimiento generalizado. Si a eso le unimos un sentimiento de desconfianza generalizada tanto a nivel interno como internacionalmente, no parece que la salida de la crisis se vaya a producir a corto plazo.

Sin embargo, para las empresas hay noticias buenas y malas. La buena es que en la mayoría de los sectores aunque no se esperan buenos resultados a corto plazo, el nivel de incertidumbre es menor. Además, las empresas están aprendiendo a gestionar en situaciones de crisis tomando como prioridades las 3Cs: Caja, Costes y Clientes.

Pero aunque nos focalicemos en las 3Cs, la mala noticia es que, aunque los meses venideros puedan ser algo más predecibles, el desgaste que arrastran las empresas y el que se producirá los próximos meses posiblemente traerá malas noticias. Nuestra previsión es que los meses venideros van a ser más duros que los anteriores en el día a día de las empresas debido al desgaste acumulado en los balances y en las cuentas de resultados.

Para verlo claramente con un ejemplo, imaginemos una empresa que pierde 10 millones de euros al año. Cuando se llevan tres meses de crisis, sólo habrá perdido 2,5 y posiblemente no sea grave. Pero si continua durante tres años perdiendo esas cantidades al año, seguramente el daño que generen esos 30 millones acabe siendo irreparable. Además estos resultados acumulados y la sensación de ser una empresa sin futuro también tienen un impacto negativo con terceros (entidades financieras, acreedores, analistas, accionistas, empleados, etc.) lo que genera problemas añadidos.

A ese efecto de desgaste también hay que añadir un importante efecto financiero. A nadie se le escapa que el año 2010 va a ser un año muy complicado para el sistema financiero y además va a haber muchos incumplimientos en las refinanciaciones que se han firmado en los últimos meses.

Mi conclusión es que nos vamos a enfrentar a unos meses duros en las empresas. Muchas están a la deriva y deben cambiar absolutamente el planteamiento para volver a encontrar el rumbo y gestionar mejor que los competidores tanto a nivel de rentabilidad como de caja. Esta situación va a generar muchas oportunidades pero para aprovecharlas debemos prepararnos para un escenario en el que el entorno actual se prolongue durante bastante tiempo y tomar grandes decisiones teniéndolo en cuenta.

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¿Por qué los bancos prefieren activos inmobiliarios a flujos de caja?

 La cruda realidad es que en España las entidades financieras (bancos y cajas) prefieren prestar contra garantías (inmobiliarias principalmente) que contra planes de negocio. Esto se debe principalmente a dos motivos: por una parte, para las entidades financieras es mucho más fácil evaluar una garantía inmobiliaria (un tasador en teoría te dice lo que vale) que analizar un plan de negocio (hay que entender el sector, la capacidad de gestión de la empresa, etc.). Por otra parte, el Banco de España reconoce los activos inmobiliarios como una garantía sólida y no reconoce un buen plan de negocio o un equipo directivo.

Por todo ello, en la actualidad, el famoso LTV (Loan to Value – Cantidad de dinero prestado contra el valor de las garantías) está siendo un parámetro clave en cualquier operación con entidades financieras. Como hablaba el otro día con un alto directivo de un banco, el problema de este enfoque es que se le presta dinero a empresas con poca capacidad de repago de esa deuda pero con buenos activos y, sin embargo, hay empresas que tienen capacidad de generación de caja y que, por no tener garantías, no tienen acceso al crédito lo que les provoca problemas importantes de viabilidad.

 Además, en la actualidad hay un problema importante con el valor de los activos inmobiliarios. Estoy de acuerdo en que hace tres años un activo inmobiliario era casi como un bono de General Electric, pero ¿cuanto vale ahora una nave en un polígono? Mi experiencia es que las tasaciones son más altas que el precio que conseguiríamos si lo intentásemos vender. Por tanto, seguramente estamos haciéndonos trampas al solitario y se están llenando los activos de los bancos de activos inmobiliarios a valores irreales.

Mi conclusión es que las entidades financieras deberían reflexionar algo más sobre qué empresas deben financiar y cuales no en base a los planes de negocio y la capacidad de repago de la deuda y deberían dejar las garantías inmobiliarias como un parámetro secundario en la decisión.

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Segundo estudio sobre gestión de crisis de Improven

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Objetivos y presentación del estudio

Si el anterior estudio fue el mayor y más temprano realizado sobre gestión de crisis, esta edición profundiza en los temas estudiados, mientras amplía el tamaño de la muestra analizada. Se han tratado en profundidad, entrevistado altos directivos y analizado prácticas de gestión de ciento ochenta y tres empresas representativas del tejido empresarial español. Además, se ha empleado la experiencia del equipo de Improven en más de trescientos casos.

Las compañías participantes en el estudio son una muestra de sectores emblemáticos de la economía española: industria, servicios, distribución minorista y mayorista, alimentación, automoción, ocio y turismo, inmobiliario y materiales de construcción (Ver Gráfico I). Para no distorsionar los resultados y con el fin de que sean plenamente representativos de distintas realidades sectoriales, ningún sector supera el 18%.

 

 

Por niveles de facturación, (Ver Gráfico 2) las empresas quedan organizadas en seis grupos: el 12% menos de 10 millones, el 23% entre 10 y 50 millones, el 26% entre 50 y 100 millones, el 21% entre 100 y 300 millones, el 10% entre 300 y 1.000 millones y el 8% con tamaño superior a 1.000 millones de euros.

 

 

 

El objetivo principal del estudio es identificar y definir cuáles son las mejores prácticas para salir reforzado de la crisis, estudiando las empresas que mejor gestionan en estas situaciones

En cuanto al carácter de las empresas, al igual que el tejido empresarial español, una parte muy importante de la muestra (81%) son compañías familiares y un 19% son no familiares, principalmente multinacionales.

Una parte muy importante de la muestra (81%) son empresas familiares, y el 19% restante son multinacionales

En cuanto a la estructura del informe, este documento consta de cinco partes. En la primera, se desarrolla por qué, en contra del pensamiento generalizado, la crisis es una oportunidad. En la segunda parte, se identifican las prácticas de los mejores desde el punto de vista estratégico y operativo (el “Decálogo de oportunidades estratégicas y operativas”), que se han demostrado exitosas en las distintas áreas de la empresa. Después, hay dos apartados relacionados con la adecuación de los recursos a las ventas y el proceso de refinanciación de deuda. El informe acaba con un apartado sobre la implantación y las lecciones prácticas para los líderes en situaciones de cambio (el “Decálogo de las actitudes del buen líder”), donde se desarrollan los conceptos de cómo conseguir implantar las líneas de acción en la empresa.

Tiempos de crisis, ¿tiempos de oportunidades?

Habitualmente se comenta que la crisis es una oportunidad pero pocas veces con una base científica para demostrarlo. Para estudiar este fenómeno, en Improven hemos desarrollado este trabajo de investigación estudiando el comportamiento de multitud de empresas: su posición competitiva, sus prácticas y sus resultados a lo largo de los años en los que hubo varias crisis tanto sectoriales como generales.

La conclusión ha sido contundente: Un 23,5% de las empresas estudiadas salieron reforzadas en el medio-largo plazo, es decir, que mejoraron su posición competitiva durante la crisis. Este dato es muy importante porque no quiere decir que el 23,5% hayan sobrevivido en la crisis, sino que salieron reforzadas de ella. Este dato invita al optimismo y a recordar a las empresas que deben centrarse en mejorar cada día para aprovechar esta oportunidad.

La explicación por la que sucede esto es porque cuando llega la crisis, habitualmente los sectores se reducen tanto en tamaño como en número de competidores, por lo que se tiende a un reparto más grande del mercado. Para ilustrar este argumento con un ejemplo de un sector concreto, se realizo un estudio de un subsector de alimentación que atravesó una importante crisis. Se trataba de un sector atomizado con una facturación total de 2.306 millones de euros y compuesto por 72 empresas, de las que cinco se encontraban por encima de los 100 millones de euros de facturación, concentrando el 44% de la cuota de mercado:

 

 

Tras unos años de crisis, el tamaño del sector disminuyó un 22%, y el número de sus empresas pasó de 72 a tan solo 31, desapareciendo el 57%. Se produjeron muchos cierres, y algunas adquisiciones por parte de los líderes del sector, con lo que prácticamente el 60% de la cuota quedó concentrada en tres empresas:

 

 

Si se gestiona bien, claramente, la crisis es una oportunidad: Un 23,5% de las empresas estudiadas salieron reforzadas de la crisis

El líder del sector pasó de facturar 230 millones con una rentabilidad sobre ventas del 7,3% a facturar 564 millones con una rentabilidad del 11,2%. Al mismo tiempo, la rentabilidad media de las cinco empresas más grandes pasó del 4,31 al 8,3%. Este es un caso real que ilustra claramente el concepto que estamos destacando entre las conclusiones de este estudio. Cualquier crisis supone una carrera de fondo para todos los participantes de un sector y fomenta la supervivencia del más apto: el más rápido, el más preparado, el que más esfuerzo hace para sobrevivir y salir adelante. Para ello, resulta decisivo gestionar mejor que los competidores a fin de salir victoriosos en las redefiniciones sectoriales.

Las lecciones de los mejores desde el punto de vista  estratégico y operativo

Cuando cambia el ciclo, las empresas toman medidas para asegurar su viabilidad y competitividad. De hecho, un 93% de las empresas han afrontado procesos de reestructuración de algún tipo.

Por ello, el objetivo principal de este estudio es estudiar qué medidas toman las empresas e identificar las diferencias entre las que consiguen buenos resultados y las que no.

El primer paso fue la identificación de treinta líneas de acción que habitualmente emplean las empresas para mejorar la rentabilidad y la liquidez, analizando qué porcentaje de las mismas incluían esas medidas en sus planes de acción:

 

 

De este análisis, el elemento más destacable es que la mayoría de empresas se enfoca relativamente en pocas líneas de acción. Las diez medidas más empleadas y sus respectivos porcentajes son:

 

 

Es destacable que de media, las empresas acometen pocas líneas de acción (29%) y la mayoría de las empresas sólo trabajan en dos de las medidas

De hecho, la media de medidas que emplean las empresas se sitúa en un bajo 29%. Se observa una clara tendencia de actuación en dos grandes medidas que son las que más aparecen habitualmente:

  • “Redimensionamiento de estructura y plantillas” (74%)
  • “Reducción de gastos generales” (66%)

Como veremos posteriormente, estas dos medidas no son las más decisivas para salir victoriosos. Además, hemos de tener en cuenta que el éxito de los planes de acción es relativamente bajo en la media de las empresas. En la actualidad, solo el 18% de las empresas alcanza los objetivos de resultados globales de sus planes de reestructuración, mientras que casi la mitad cumple los objetivos de reducción de costes (49%). Sin embargo, únicamente un 13% cumple con los objetivos de incrementos de venta previstos por la incertidumbre de esa medida. La conclusión práctica es que, a corto plazo, si se quiere conseguir resultados tangibles, tiene menores riesgos actuar en la reducción de costes que en la mejora de las ventas.

En tiempos de crisis, tiene menores riesgos actuar en la reducción de costes que en la mejora de ventas

Vistas las medidas que habitualmente se emplean por parte de las empresas para luchar contra los efectos negativos de la crisis en sus organizaciones, pasamos a analizar las medidas que adoptan las empresas que han salido reforzadas de la crisis y los porcentajes de las organizaciones que las empleaban:

 

 

Cuando se analizan las líneas de acción desarrolladas por las empresas que mejor gestionan en tiempos de crisis, llama la atención que trabajan en más líneas de acción, aunque lo hacen en fases escaladas, definiendo perfectamente las prioridades. Aquí, la tendencia de actuación no se centra en tan solo dos grandes medidas, sino, como se muestra a continuación, más del 64% de las empresas se centra en diez medidas:

 

 

A continuación se muestra la gráfica comparativa entre las mejores prácticas que acometen las empresas y la media:

 

 

Cuando se comparan, se observa que la conclusión más importante es que los mejores actúan en más áreas, un 56% de media frente al 29% que habíamos visto anteriormente. De hecho, podríamos concluir que la diferencia entre unos y otros es donde reside el secreto de los mejores, que se basa principalmente en los siguientes factores:

 

 

Por otro lado, llama la atención que tanto los mejores como la media actúan de manera importante en dos líneas de acción: “Redimensionamiento de estructura y plantillas” y “Optimización de pagos a proveedores”, por lo que podemos concluir que estas medidas, aunque son muy comunes, no son las que marcan la diferencia. Dicho de otra manera, son medidas necesarias pero no suficientes.

En esta fase de la crisis, las medidas deben ser más contundentes y complejas

En cuanto al “Incremento de ventas”, las empresas en general tienen muchas esperanzas con los resultados que a corto plazo se pueden obtener de esta línea de acción. Se observa, sin embargo, en el estudio que los resultados obtenidos son relativamente bajos. De hecho, las compañías de las mejores prácticas que consiguen buenos resultados en esta línea principalmente deben su éxito a situaciones de concentración sectorial y/o crecimiento de ventas en el ámbito internacional. De todos modos, es previsible que en una fase posterior de la crisis aumenten los resultados de esta línea de acción.

En este sentido, no se debe olvidar «la paradoja de las ventas», es decir, las ventas son muy importantes, pero menos de lo que se piensa. En tiempos de bonanza, las ventas son el creador de valor por excelencia. Sin embargo, en tiempos de crisis no son el mayor destructor de valor en la organización. Reestructurar adecuadamente los costes, optimizar el circulante, contener la morosidad, refinanciar la deuda o no bajar los precios indiscriminadamente tienen un impacto más importante a corto plazo sobre la rentabilidad y la liquidez que la cifra de ventas.

Cabe destacar que los resultados conseguidos con la medida “Incremento de ventas” son muy bajos

Con todo ello, cuando comparamos las medidas que adoptan los mejores y las ponderamos con el nivel de consecución de resultados, así como su impacto, llegamos a la conclusión de que las líneas de acción que se deben desarrollar para conseguir salir victorioso de la crisis se pueden resumir en el “Decálogo de oportunidades estratégicas y operativas”:

1. Redefine tu estrategia en función del nuevo entorno (”Desinversión de Unidades de Negocio no rentables”). Las decisiones estratégicas son más importantes que nunca porque, en tiempos turbulentos, se debe elegir bien hacia dónde se quiere llevar la empresa. Resulta muy útil recurrir a herramientas, como por ejemplo la Brújula desarrollada por Improven que ayuda a determinar las estrategias que es necesario seguir, focalizando en el core business y desinvirtiendo de las Unidades de Negocio y los activos no estratégicos. Además, en el caso de las empresas con un buen posicionamiento, puede ser un momento excelente para las adquisiciones.

2. Controla la caja, la rentabilidad y la morosidad. En el nuevo entorno, se debe cambiar del enfoque de cuenta de resultados al enfoque de caja. Por ello, saber dónde se encuentra cada euro de la empresa en cuanto a caja y rentabilidad debe ser una prioridad para poder tomar las mejores decisiones. En ese sentido, la gestión presupuestaria, los sistemas de costes y el Cuadro de Mando son las herramientas básicas. Además, se debe prestar la suficiente atención a la morosidad y la gestión de riesgos a fin de evitar sorpresas desagradables.

3. Refinancia la deuda y optimiza el circulante (”Reestructuración de deuda” y “Reducción de stocks”). La caja es el rey en tiempos difíciles y la gestión del día a día debe tener esto siempre en mente. De acuerdo con esto, las distintas medidas para optimizar el circulante (exprimir la caja) y la refinanciación de la deuda tanto con bancos/entidades financieras como con otros acreedores son elementos clave.

4. Innova ante las nuevas necesidades de tus clientes (”Redefinición de la propuesta de valor”). El mundo cambia cuando llega la crisis y también lo hacen los clientes y los mercados. Tendencias como el bajo coste, la vuelta a los básicos y el menor poder de las marcas son imparables. Ante estos cambios, no hay otra opción que reinventarse y adaptarse a las nuevas necesidades de los clientes a fin de ser competitivos. Todo esto genera opciones para la innovación que suponen una gran oportunidad.

5. Focaliza en tus buenos clientes y productos, y abandona el resto. Aunque cueste creerlo, una parte importante de los clientes (20-30%) y productos (50%) no son rentables. Reconvertirlos es un trabajo prioritario, debiendo abandonar los que no se consigan mejorar. Tras abandonar los clientes y productos no estratégicos, fidelizar a los buenos clientes es necesario para asegurar la viabilidad en el largo plazo. La recomendación práctica es emplear dos terceras partes de los recursos en una tercera parte de clientes.

6. Vender es clave, pero minimiza riesgos y costes. Se debe luchar por cada venta, si bien no se debe poner en juego la supervivencia de la empresa haciendo previsiones demasiado optimistas. Se debe conseguir que el método prime sobre el arte en el área de ventas. Además, para optimizar, se ha de trabajar en profundidad los conceptos de organización, productividad, dimensionamiento y control de la fuerza de ventas a fin de conseguir mejorar los resultados.

7. No bajes los precios indiscriminadamente (”Redefinición de la estrategia de precios”). Aunque parezca que bajarlos es lo mejor para no perder ventas y no comprometer la viabilidad de la empresa, es un grave error. Hacerlo indiscriminadamente resulta muy peligroso y puede llevar a problemas serios porque es un importante destructor de rentabilidad. Para evitarlo, se debe analizar en profundidad la percepción de valor de los clientes, los sistemas de costes y la posición de los competidores a fin de definir estrategias de precios que consigan un doble objetivo: vender al mayor precio posible.

8. Produce sólo lo que vendes y mejora la productividad (”Ajuste de la capacidad de las ventas” y “Redimensionamiento de estructura y plantillas”). Cuando cambian los niveles de ventas, se deben adaptar los recursos al nuevo entorno y optimizar la productividad. Se ha de evitar el efecto de la sobreproducción o de la subactividad y, para ello, es preciso actuar con velocidad ante los cambios de la demanda. Tras haber adecuado los recursos a las ventas, se debe mejorar la productividad con la definición de procesos y responsabilidades, la dirección por objetivos y la retribución variable.

9. Aprovecha las infinitas posibilidades de la gestión de compras (”Mejora de la gestión de compras” y “Optimización de pagos a proveedores”). Es una de las maneras más rápidas y efectivas de conseguir rentabilidad y liquidez. Sin embargo, habitualmente se subestima porque se desconocen las oportunidades. Para aprovecharlas, es muy importante identificar las fuentes de mejora en esta área y focalizarse en ellas con una metodología.

10. Rediseña la organización, fideliza el talento y toma decisiones (”Redimensionamiento de estructura y plantillas”). Los tiempos de crisis siempre llevan asociados cambios organizativos y reestructuración de plantillas. A continuación, se desarrollarán estos conceptos en profundidad.

Aunque cada elemento del decálogo es importante, a continuación se va a profundizar en dos aspectos clave para la viabilidad y la competitividad, y que muchas veces son enfocados de manera incorrecta: la adecuación de los recursos y la capacidad de las ventas, y la refinanciación de la deuda.

El ajuste de los recursos y de la capacidad al nivel de ventas

Como hemos visto, el ajuste de recursos a las ventas y el redimensionamiento de plantillas son acciones muy empleadas en tiempos de crisis. Aunque muchas empresas adoptan este tipo de medidas, los resultados obtenidos difieren mucho en función de la metodología empleada y la experiencia. Por ello, vamos a profundizar en estos aspectos con el fin de encontrar pistas que nos permitan conseguir los mayores resultados con el mínimo impacto negativo.

Cuando llega la crisis, hay más capacidad de producir productos o servicios que los que se demandan y, por ello, es necesario readaptar la estructura. En el marco de nuestra investigación, hemos querido comprobar si existe proporcionalidad entre la caída de ventas de las empresas y las medidas de ajuste de plantilla. En el siguiente gráfico, aparecen los resultados del estudio sobre la evolución de ventas de las empresas de la muestra del estudio en los últimos meses:

 

 

Se reducen menos los costes que la caída de ventas con los consiguientes perjuicios en la cuenta de resultados

En esta gráfica se observa las importantes necesidades de reestructuración cuando llega la crisis ya que un 60% de las empresas ha visto descender sus ventas en más de un 15%.Por ello, es muy importante reestructurar los recursos: focalizándose en el core business, adecuando los recursos a las ventas y lanzando programas de mejora de productividad siguiendo la secuencia que aparece a continuación:

 

 

Dentro de la reestructuración operativa, casi siempre se lanzan procesos de redimensionamiento de plantilla. Aunque son medidas desagradables, habitualmente son ineludibles para conseguir la viabilidad de la empresa y, por lo tanto, de la mayoría de los trabajadores que forman parte de ella. En el estudio se concluye que el 74% de las empresas y el 84% de las mejores prácticas han lanzado iniciativas de este tipo. Además, analizando el porcentaje de la plantilla que ha entrado en procesos de reestructuración, llegamos a la conclusión de que el 32% de las empresas ha disminuido su plantilla más del 15% y llama la atención que el 44% de las empresas ha reducido sus plantillas entre el 5 y el 15%. (Ver gráfico de reducción de plantilla).

 

 

La conclusión de este análisis, comparando los redimensionamientos de plantillas con la evolución de las ventas, es que se reducen menos las estructuras que las caídas de ventas, con los consiguientes perjuicios en la cuenta de resultados. Además, esta conclusión queda agravada por el tiempo que transcurre desde que caen las ventas hasta que se ejecutan las medidas.

Estas situaciones de cambio siempre son muy delicadas y no resultan sencillas de “positivizar” para la dirección de una empresa, aunque el concepto importante que se debe transmitir es que, si hay que tomar una decisión de reducir un 15% de la plantilla, la lectura no debe ser “hemos prescindido del 15% de la plantilla”, sino que “estamos manteniendo un 85%”.

A continuación, se expone un decálogo de consejos sobre cómo llevar a cabo estos procesos de manera óptima, tanto para las personas que abandonan la empresa como para las que permanecen en ella:

1. Transmitir cuál es la visión de la empresa y compartir el motivo del cambio. Es imprescindible ofrecer una visión positiva del futuro, entendiendo que el camino que se está recorriendo no es fácil y que se ha tomado una decisión complicada por el bien del conjunto de la empresa y sus trabajadores.

2. Ser justos y transparentes, empleando indicadores y criterios claros basados principalmente en el desempeño y los valores. Para ello, se puede emplear la siguiente matriz:

 

 

3. Coordinar todo el proceso para evitar que exista disparidad de criterios tanto en el de dimensionamiento como en la evaluación.

4. Asegurar que el equipo directivo y los mandos intermedios comunican adecuadamente el proceso. A menudo existen fisuras en el equipo que se acaban transmitiendo a la organización y generando problemas. Para comunicar correctamente, el equipo debe estar perfectamente informado de las decisiones, compartirlas y recibir el apoyo necesario durante el proceso.

5. Comunicar la información para que todas las personas sepan lo que sucede, sea esta buena o mala. Es importante personalizar el proceso tanto como sea posible y tratar las problemáticas de los distintos colectivos, intentando buscar soluciones beneficiosas para todas las partes.

6. Llevar a cabo el conjunto del proceso de reestructuración a la vez. No hay nada peor para la moral de nuestros equipos y su productividad que el “efecto goteo” y la incertidumbre.

7. Empatizar; es necesario ponerse en la piel de los demás y pensar en cómo nos gustaría que nos tratasen si fuésemos nosotros los que estamos en su situación. El que se va estará pensando: “¿y ahora qué hago?”, “¿por qué yo?”, “¿ha sido justo?”. Sin embargo, el que se queda estará pensando: “¿debo preocuparme de si habrá futuras reestructuraciones?”, “¿cómo cambia mi puesto de trabajo?”. Debemos dar contestación a todas estas cuestiones para minimizar el impacto.

Dentro del proceso de redimensionamiento, ser justos y transparentes, tratando a las personas correctamente y actuando con responsabilidad, es indispensable para minimizar el impacto negativo

8. Planificar a fin de que no haya sorpresas de última hora. Debemos analizar las situaciones que pueden aparecer y hacer planes para minimizar los efectos negativos del proceso. ¡No se puede improvisar!

9. Hacer partícipe al equipo directivo en la toma de decisiones. Habitualmente, uso la frase: “las personas solo hacemos las cosas en las que creemos”, por lo que debemos involucrarlas en la toma de decisiones. Si se aplica un estilo “dictatorial”, la gente obedece, pero no está realmente comprometida con lo que hace.

10. Básicamente, todas estas recomendaciones pueden resumirse en una muy sencilla: “tratemos a los demás como nos gustaría que nos tratasen a nosotros”. En este sentido, cuidar los detalles y tratar a las personas con dignidad es fundamental.

La refinanciación de la deuda

Desde hace unos meses, existe la sensación de que los bancos/entidades financieras “han cortado el grifo”, debido a la crisis financiera y al cambio de sus políticas internas. De hecho, en el estudio se refleja que el 94% de las empresas identifica mayores dificultades en la gestión de su deuda financiera y un empeoramiento de sus condiciones.

Sin embargo, aunque esa es la percepción en las empresas, la realidad es que, en los últimos tiempos, las entidades financieras están más flexibles para apoyar a las empresas en su viabilidad y continuidad, aunque con condiciones distintas a las del pasado. Los bancos saben que la mejor solución a la situación actual es apoyar a las empresas por el alto nivel de deuda que tienen, así como el impacto tan negativo que podría tener en sus resultados el incremento de la morosidad.

De hecho, la única solución sostenible a medio plazo es que empresas y bancos/entidades financieras lleguen a acuerdos para reestructurar la deuda de manera que las empresas puedan cumplir con sus compromisos. Por ello, la refinanciación de la deuda, es un elemento clave para la viabilidad de las empresas. En la actualidad, el 35% del total de las empresas y el 73% de las mejores prácticas han afrontado procesos de refinanciación.

En este sentido y para optimizar los balances, las empresas han empleado varias alternativas por separado o conjuntamente: la reestructuración de la deuda, la venta de activos, la optimización del circulante y/o las ampliaciones de capital. Sin embargo, prácticamente han desaparecido opciones como el sale and lease (cuando la empresa vende alguno de sus activos, quedándose alquilada en el propio activo) o la deuda mezzanine (deuda con mayor coste que la sénior).

 

 

La medida más empleada por parte de las empresas es la reestructuración de la deuda con la banca/entidades financieras. Esto se debe, según nuestra observación, a dos razones principales: la primera es que se sigue entendiendo, al igual que en los tiempos de bonanza, que la vía más rápida de conseguir dinero es a través de los bancos; y la segunda es que, en muchos casos, la disminución en la generación de flujo de caja ha sido tan fuerte que ni siquiera se puede afrontar el servicio de de la deuda contraída, por lo que no cabe otra opción que refinanciar.

No obstante, al margen de que el motivo sea uno u otro, si se quiere conseguir liquidez a corto plazo, la experiencia práctica señala que la optimización de circulante (reducción de stocks, gestión de cobros y de pagos) es un medio más sencillo y rápido. Un 64% de las empresas ha lanzado planes de optimización de circulante, prácticamente 10 puntos menos que la refinanciación con entidades financieras.

El 94% de las empresas identifican mayores dificultades en la gestión de la deuda financiera y un empeoramiento de sus condiciones

Por todo ello, la solución ideal pasa por poner en marcha mecanismos internos para la optimización de circulante y conseguir liquidez a corto plazo, mientras que, en paralelo, se inicie un proceso de refinanciación de la deuda con la banca para conseguir un balance sólido a largo plazo.

Cómo hacer la refinanciación

Para acometer la refinanciación con éxito, es importante emplear la metodología que aparece en el gráfico siguiente y siguiendo los pasos de manera adecuada:

 

 

Es conveniente tener en cuenta que, en la mayoría de las ocasiones, la reestructuración financiera no tiene sentido ni llegará a buen puerto sin la reestructuración operativa/estratégica del negocio, y viceversa. De poco sirve salvar el presente inmediato de la compañía, comprometiendo más garantías, si el negocio no tiene futuro y no es capaz de generar la suficiente caja para afrontar los compromisos adquiridos. Es por lo que hace falta desarrollar ambas tareas en paralelo, de cara a asegurar la viabilidad de la compañía a medio plazo y, por tanto, asegurar el éxito de todas las partes intervinientes, la empresa y las entidades financieras. A nivel metodológico, se debe seguir la siguiente secuencia:

 

 

El primer paso consiste en estudiar la posición de la empresa frente a las entidades financieras, y esta viene definida por cuatro parámetros:

El 73% de las empresas estudiadas en las mejores prácticas ha afrontado procesos de refinanciación de deuda y un 64% ha lanzado iniciativas de optimización del circulante

- El grado de concentración del pool bancario (conjunto de entidades financieras). Es muy cierta la frase de Keynes: “si yo te debo una libra, tengo un problema; pero si te debo un millón, el problema es tuyo”.

- Los productos contratados influyen claramente en la posición, ya que definen un mayor o menor compromiso.

- Las políticas de las entidades financieras que participan en el pool, ya que cada entidad es diferente y sus políticas y criterios son algo distintos.

- Las personas de nuestro equipo, su claridad de ideas y la confianza que inspiran con su plan. En ocasiones, conviene dotar a la organización de un nuevo interlocutor para acometer la negociación con una predisposición adecuada por todas las partes.

Tras evaluar la posición y disponer del plan de tesorería con sus proyecciones según distintos escenarios, es momento de desarrollar una estrategia de negociación que permita el equilibrio entre los cuatro elementos clave: la deuda, las condiciones, las garantías y los plazos.

Para optimizar la estrategia, es conveniente conocer las reglas del juego que hemos pasado a denominar el “Decálogo de la refinanciación”:

1. Es necesario encajar los flujos de caja de la deuda con los flujos de caja del negocio. Es conveniente evaluar si se precisa una modificación de plazos, una mejora de condiciones o quitas, en función de los flujos estimados en el plan de negocio.

2. La negociación de carencias es una fórmula que puede dar oxígeno a corto y medio plazo, y que suele ser relativamente fácil de obtener. El inconveniente es que incrementa el gasto financiero y obliga a asegurar los flujos de caja en el medio plazo para poder atender a los nuevos compromisos.

En la refinanciación, es clave el plan de negocio, el entendimiento de las necesidades de la banca, el equipo que la lleva a cabo y las garantías aportadas

3. Es mucho más difícil obtener dinero nuevo que carencias de capital. Las quitas solo se consiguen en situaciones muy extremas.

4. Se debe definir la estrategia con las garantías que entran en la negociación. Cuáles, en qué condiciones y a quiénes se les van a ofrecer para facilitar la consecución de los objetivos.

5. No poner dinero bueno sobre dinero malo. Únicamente se deben estudiar ampliaciones de capital, bien por parte de los socios actuales o de nuevos socios/inversores, cuando el negocio esté bien posicionado. El uso de la herramienta Brújula de posicionamiento estratégico de Improven puede resultar muy útil.

6. Definir si la negociación es individual (bilateral) o colectiva con las entidades financieras, en función del nivel de deuda, las garantías, la relación con las entidades, la composición del pool, la presión de plazos, etc.

7. Contar con un plan de negocio agresivo en la reducción de costes, pero poco optimista con las mejoras en ventas. Para que sea creíble ante la banca, el Plan no puede sustentarse en incrementos anormales de ventas o de precios, ni en desinversiones inmobiliarias importantes.

8. Se debe actuar con transparencia, equidad y sinceridad. Mentir a una entidad financiera u ocultar información sensible es la mejor manera de no conseguir dinero ahora ni los próximos diez años.

9. La empatía y la creatividad son importantes. Se debe entender bien la posición de las entidades financieras, su percepción de los riesgos de la operación, y plantear soluciones que cumplan tanto sus objetivos como los nuestros.

10. Garantías. Aunque se valora la capacidad real de generar flujos para repagar tanto los intereses como la deuda, no se debe olvidar que las garantías son una pieza clave en la negociación.

Dentro del área financiera, también ha habido grandes cambios en las empresas de seguros de crédito. El 68% de las firmas han detectado cambios en los niveles de riesgo concedidos a sus clientes, lo que ha generado que la gestión del riesgo de los clientes haya pasado a ser estratégica para conseguir su viabilidad y rentabilidad.

La implantación. Errores, mejores prácticas y metodología

Cuando ya se ha decidido el alcance del plan tanto con sus medidas estratégicas como operativas, es el momento de pasar a la acción y de poner en marcha los cambios necesarios en la empresa. Para ello, hemos estudiado los distintos elementos que influyen definitivamente en el éxito en la implantación. Son los siguientes:

Aquí, aunque tener un correcto equilibrio entre todos ellos es importante, es interesante destacar que el éxito parece estar más relacionado con la velocidad (27%) y la calidad de la ejecución (23%), que en la misma calidad del plan (13%). Esto nos lleva a la conclusión de que, en estas situaciones en las que se degradan con rapidez cuentas de resultados y tesorería, hacer cambios tomando decisiones y ejecutándolas con rapidez resulta más decisivo que un plan perfecto y minucioso, pero lento en su desarrollo e implantación.

Hacer cambios tomando decisiones y ejecutándolas con rapidez es mejor que un plan perfecto, pero lento en su desarrollo e implantación

En este sentido, la velocidad de reacción también es fundamental. En el estudio anterior señalábamos que se tardaban diecisiete meses desde que se iniciaba la crisis hasta que las empresas empezaban a tomar las primeras decisiones. Sin embargo, en esta edición hemos identificado que, tras la primera toma de decisiones a los 17 meses, se necesita habitualmente una segunda toma de decisiones a los veinticuatro meses porque con la primera toma de decisiones no se han producido todos los efectos deseados, sea por la menor contundencia de las medidas, o por el alargamiento inesperado de la crisis. De hecho, el 72% de las empresas ha tenido que definir un segundo plan de acción y un 49% de las empresas ha llegado a elaborar un tercer plan de acción:

 

 

Es importante destacar que un 61% de las empresas encuestadas señalaba que la detección tardía fue uno de los grandes errores cometidos. El retraso genera muchos problemas adicionales, porque al tardar más tiempo de lo debido en detectar la necesidad de cambiar, posteriormente “se llega tarde a todo”, las modificaciones tienen que ser más rápidas, la organización está mucho más estresada y hay menos tiempo para planificar.

Uno de los principales motivos de la lenta reacción es por la falta de herramientas adecuadas. En la primera edición del estudio, indicábamos que el 64% de las empresas no disponía de un cuadro de mando con los indicadores adecuados y un 77% carecía de una herramienta de gestión de tesorería que funcionase correctamente. Como noticia positiva, en esta nueva edición hemos comprobado que las empresas han mejorado en la gestión de tesorería -aunque claramente insuficiente- y un 71% de las empresas (6 puntos mejor que la edición anterior) sigue sin disponer de una óptima solución para su gestión. Sin embargo, encontramos que solo en un 24% de las ocasiones se cumplen los planes de tesorería, debido a los importantes cambios que se están produciendo en el entorno y el exceso de optimismo en muchos casos. En este sentido, también sirve destacar que únicamente en un 14% de los casos los sistemas de costes funcionan correctamente.

Otros aspectos muy destacados para el éxito de la implantación son las competencias y preparación de los equipos directivos que deben ejecutar el plan y el compromiso, junto con el respaldo de los accionistas. En momentos delicados, las actitudes son tan importantes o más que los conocimientos para gestionar con éxito. Por ello, se llegaron a identificar aquellas actitudes claves, que se encuentran en los que mejor gestionan en situaciones turbulentas. Las enumeramos en el “Decálogo de las actitudes del buen líder”:

1. Analiza la situación fríamente y acepta la nueva realidad. El principio básico es “los datos son amigos y las percepciones, enemigos”. ¿Qué esta pasando realmente? ¿Cómo nos está afectando? ¿Qué escenarios se pueden dar en los próximos meses? ¿Nos estamos preparando para ellos? Además, se acepta antes la realidad y se adoptan las medidas oportunas si evitamos los errores más habituales, como son el optimismo desmesurado, la parálisis por el análisis, la arrogancia y el efecto avestruz.

Transmite sensación de urgencia: es más importante la velocidad incluso por encima de la precisión

2. Toma grandes decisiones con firmeza. Es muy importante centrarse en pocas, pero contundentes decisiones, habitualmente cuatro o cinco, que realmente son las que influirán de manera más relevante en la mejora de resultados. No se debe caer en el error de tomar muchas “pequeñas decisiones” que, al final, no consiguen casi nada y que nos despistan de los grandes objetivos. Cuanto mayor calado tenga la medida, mayor seguridad y firmeza va a requerir nuestro actuar, para transmitir serenidad y coherencia a los equipos.

3. Focaliza tu tiempo y tu esfuerzo en los temas clave. En situaciones donde el tiempo y los recursos son escasos, los líderes deben actuar siempre bajo la ley de Pareto (80/20). La experiencia indica que, enfocándose en pocas acciones realmente importantes, se consigue la mayoría de los resultados.

4. Transmite sensación de urgencia: velocidad incluso por encima de la precisión. El concepto se puede resumir con la frase del General MacArthur: “todos los fracasos de la humanidad se resumen en dos palabras: demasiado tarde”. Los directivos de las empresas reaccionan muy lentamente ante la crisis (veinticuatro meses hasta que toman las grandes decisiones). Eso ocasiona que, en el momento de actuar, las pérdidas acumuladas pueden llegar a ser muy importantes, y arriesgando en muchos casos la viabilidad de la compañía. Una vez puestos en marcha, conviene acelerar la marcha para que el sentido de urgencia alcance todos los rincones de la organización y se vean rápidamente los efectos de las medidas. Transmitir sensación de celeridad al equipo, gestionando cada día como si fuese el último, ayuda a mantener el equipo cohesionado y al resto de la organización enfocado.

5. Obsesiónate por los resultados a corto plazo, su planificación y su seguimiento. En situaciones complicadas, el corto plazo debe ser la prioridad número uno, ya que si no se gestiona correctamente, el medio y largo plazo no existirá. Los conceptos de planificación, previsión y uso de escenarios son muy importantes para manejar la incertidumbre inherente a situaciones de cambio. En este sentido, el seguimiento férreo y semanal del cumplimiento de los planes de acción es necesario para actuar rápidamente en caso de desviaciones. Este enfoque del seguimiento intenso y regular se debe producir de arriba hacia abajo, es decir, del Consejo al Comité de Dirección, de este hacia sus equipos, etc.

6. Transmite realismo positivo a tu equipo. Cuando los momentos difíciles parecen que son continuos, los líderes deben insuflar moral regularmente a sus equipos. Deben comunicar siempre bajo el concepto de realismo positivo, es decir, ser realistas y trasladando optimismo que cohesione al equipo y que le impulse hacia el éxito. Además, esta actitud le realimenta, de manera que se puede llegar a provocar lo que se ha denominado como espiral positiva. Por otro lado, nunca se debe percibir al líder como un soñador porque podría provocar un efecto contrario al deseado.

7. Compromete a tus colaboradores. El papel del líder en la adversidad es más importante que nunca, se necesita las capacidades y habilidades del equipo al 100%, y es responsabilidad del líder conseguirlo. Debe aprender a motivarlo, saber cohesionarlo y darle seguridad para, entre todos, llevar el barco a buen puerto.

8. Vuelve a la austeridad y el esfuerzo. Los tiempos de crisis son momentos para “apretarse el cinturón” y “trabajar el doble a fin de conseguir la mitad”. Los excesos de los tiempos de bonanza hay que erradicarlos y, ahora, la austeridad y el esfuerzo deben impregnarse en la organización.

9. Sé sincero: dí siempre la verdad, aunque resulte dura. La mentira siempre genera más problemas que las verdades, por muy dolorosas que estas sean. Muchas veces se piensa que es mejor una “mentira piadosa” que una “dura verdad”. Ese es un importante error. Finalmente, las mentiras siempre salen a la luz y se acaba perdiendo toda la credibilidad ante los interlocutores. Lo mejor es decir siempre la verdad y, cuando esta no sea positiva, transmitir que hay ideas claras y un plan para recuperar la situación.

10. Nunca olvides la responsabilidad social. En tiempos complejos donde el entorno está crispado, las empresas deben tener más presente que nunca su responsabilidad y actuar con sensibilidad. En la mayoría de las ocasiones, cuidando las formas y actuando con principios éticos, se consiguen importantes efectos positivos.

Estas actitudes que parecen sencillas deberían adoptarlas todos los directivos. Sin embargo, solo un 9% de los líderes estudiados desarrolló correctamente más de siete elementos de este decálogo. En la práctica, es habitual encontrar directivos con algunas de estas actitudes, aunque es muy difícil conocer líderes que encarnen la mayoría de ellas.

La metodología

Tras haber desarrollado los decálogos de las actitudes y de las mejores prácticas estratégicas y operativas, ya se está en disposición de abordar la transformación de la empresa. Para ello, hay dos elementos indispensables: por un lado, un plan de mejoras que integre todas las oportunidades que hemos visto en el estudio; y, por otro, las herramientas de gestión del cambio para conseguir que las cosas sucedan:

PLAN + GESTIÓN DEL CAMBIO = ÉXITO

Si no se integran ambos conceptos, la realidad es que la mayoría de los planes de mejora no consiguen ser implantados. Esto es debido casi siempre a los mismos errores: falta de planificación, poco compromiso del equipo, comunicación escasa e inadecuada, incorrecta estimación de recursos, falta de seguimiento, etcétera.

Habitualmente, es necesario desarrollar dos planes distintos: uno enfocado al corto plazo para conseguir la viabilidad, el denominado Plan de Choque (doscientos días máximo-seis meses) y otro relacionado con el cambio de propuesta de valor, llamado Plan de Reinvención (hasta un año), cuyo objetivo es adaptar el posicionamiento a la realidad del nuevo entorno.

 

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¿Cómo estamos gestionando las 3Cs (Caja, Clientes y Costes) del 2009?

A principio de año ya comentaba que en este año 2009, las prioridades de gestión iban a empezar por C… las 3Cs que marcarían las prioridades del ejercicio: Caja, Costes y Clientes y además en ese orden de prioridades. Sin embargo, ahora que ya estamos bien avanzados el 2009, podemos repasar sobre cómo estamos haciendo los deberes.

Ya comentaba que La Caja o tesorería, es decir el flujo real de efectivo, era el gran olvidado de la gestión de los últimos años y que volvía con fuerza a primera plana. En este sentido, en uno de nuestros estudios obtuvimos un dato cuanto menos preocupante y es que el 77% de las empresas estudiadas no tenían un buen presupuesto de tesorería.

Respecto a la segunda C, los Costes, decíamos que teníamos que revisar los sistemas de costes y analizar bien las rentabilidades por clientes, por productos y por unidades de negocio. ¡Aquí puede estar la mitad del secreto para salir reforzado!

Volviendo a la última C, decíamos que los Clientes muchas veces eran un gran olvidado. La obsesión por la caja y los costes nos hace a menudo olvidarnos de que la cuenta de resultados (y los planes de tesorería) empiezan por la línea de ventas por lo que sigue siendo igual o más importante que nunca la satisfacción de los clientes y que consigamos ingresos recurrentes de ellos.

La realidad tras lo avanzado que está el 2009 es que se ha trabajado bastante el la reducción de costes aunque no tanto en la toma de decisiones estratégicas basadas en ellos. Es decir, en las empresas hay una gran obsesión por reducir cada euro aunque más en la “reducción de gastos generales” que en las decisiones estratégicas que son las que llevan a las grandes mejoras. Como diría el refrán, a veces “por ahorrarnos la peseta perdemos el duro”.

Sin embargo en lo relacionado con la caja y clientes los avances han sido menores. En la gestión de tesorería se ha trabajado sin mucho método ni planes de tesorería perfectamente elaborados. Lo que habitualmente se ha hecho ha sido “pagar más tarde y reducir stocks”. En este sentido, vuelvo a recalcar la importancia de la gestión de tesorería de una manera estructurada e introduciéndola como una función clave de nuestro negocio.

Y el gran olvidado de este año 2009 han sido los clientes. Al estar tan preocupados por los costes y bastante por la caja, los clientes se han dejado de lado y las caídas de ventas han sido muy importantes. Estoy de acuerdo con que no es fácil conseguir ventas pero el objetivo debe ser caer menos de lo que está cayendo el mercado. Si estamos en un mercado que está cayendo al 40%, no podemos plantearnos un objetivo de crecer un 5%, pero si creo que es razonable un objetivo de caer la mitad de lo que cae el mercado, es decir un 20%.

Para conseguir mejoras en las ventas, las palancas clave son conseguir una propuesta de valor diferente, una ejecución excelente de las estrategias de marketing y ventas y que toda la organización esté centrada en el cliente.

Como conclusión, al principio del año hablaba de las 3Cs en el orden: Caja, Clientes y Costes y creo que ahora debemos cambiar el orden de las prioridades de las 3Cs y ponerlas en Clientes, Caja y Costes. ¡El mundo cambia y tenemos que adaptarnos a él!

Eduardo Navarro
Socio director de IMPROVEN
www.improven.com
enavarro@improven.com

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Éxito de ventas del libro ¿Quieres salvar tu empresa?

quieres salvar tu empresaEstoy muy sorprendido por el comportamiento tan positivo de las ventas del libro. ¡Muchas gracias a todos!. Las ventas van muy bien y ya se ha tenido que hacer una reimpresión con sólo un mes en las librerías. Además, el libro está como el octavo más vendido en lacasadellibro.com en la categoría de “no ficción” lo que ha superado con creces todas las expectativas.

Pero lo más importante del libro es que estoy recibiendo comentarios muy positivos de empresarios y directivos que ya están pudiendo aplicar algunas de las recetas y recomendaciones que allí aparecen para conseguir que nuestras empresas consigan ser competitivas en el duro entorno actual. ¡Eso creo que es lo más importante! Que el libro sirva para ayudar a empresarios y directivos en la situación actual en la que todos tenemos que arrimar el hombro

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Conferencias con el IESE

Empezamos el mes de diciembre con mucha actividad con la escuela de negocios IESE. Tenemos un programa con ellos el 1 de diciembre en Valencia y el 2 de diciembre en Santiago de Compostela. ¡Espero verte allí!

Invitacion de conferencia IESE en Valencia

Invitacion de conferencia IESE en Valencia

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El futuro del sector del automóvil

Aunque el debate sobre el futuro del sector del automóvil en España es un tema recurrente en el sector, las noticias de las últimas semanas sobre Opel o Ford, y de otras muchas empresas del sector auxiliar, nos debe invitar a la reflexión. El problema global, es que hay una muy importante sobrecapacidad tanto en los productores como en la industria auxiliar, es decir, se pueden producir muchos más automóviles que los que se venden. A este efecto de sobrecapacidad además hay que añadirle la importante caída de ventas a nivel global debido a la crisis.

Además, España ha dejado de ser competitiva para el sector del automóvil debido a los altos costes productivos tanto en los fabricantes como en la industria auxiliar. De hecho, curiosamente debido a que la parte más importante de los costes se genera en los componentes (industria auxiliar), se puede dar la paradoja de que se pueda producir un vehículo a menor coste en un país “caro” si se compran los componentes en un país de bajo coste. Por ejemplo, podría llegar a ser más barato fabricar un coche en Alemania comprando una parte importante de los componentes en los países del Este de Europa que fabricar un coche en España comprando los componentes en España.

La cuestión es que la crisis global ha provocado que el mercado se haya hecho más pequeño y en consecuencia, ya no hacen falta tantas plantas para producir. Esto provoca que la industria se tenga que enfrentar a una reducción en el número de plantas productivas, al igual que en otros muchos sectores, y en esa toma de decisiones por los motivos señalados anteriormente, España no es tan competitiva como otros países.

Ante esta complicada situación, debemos evitar el efecto avestruz. La única solución para el sector es atacar directamente la raíz del problema y reducir el exceso de capacidad productiva. A nivel del país debemos interiorizar que vamos a perder una parte importante de la industria del automóvil y tomar medidas para solucionar el problema a nivel estratégico potenciando sectores con futuro en nuestro país y no incentivar situaciones que no tienen sentido. Además, en cada una de las empresas del sector, deben hacer un planteamiento objetivo y atajar el problema de raíz adecuando su capacidad a la demanda real y sufriendo importantes procesos de reestructuración para asegurar su viabilidad y competitividad.

Como conclusión, el mundo ha cambiado y hay una sobrecapacidad muy importante a nivel mundial en el sector del automóvil. Ante ello, se debe interiorizar esta realidad y tanto las empresas como la Administración debe tomar medidas que solucionen el problema a largo plazo reestructurando el sector y consiguiendo así hacer viable a una parte del sector. Eduardo Navarro Socio Director Improven

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España, un país de “chinos caros”

No, la crisis no nos ha vuelto amarillos ni nos ha hecho comer más arroz. Al menos, de momento. Sin embargo, cuando pensamos en España a nivel de competitividad internacional, el posicionamiento no parece demasiado claro. Es decir, somos caros para dar el nivel de producto/servicio que hacemos y tenemos poca tecnología para poder plantearnos hacer otro perfil de producto/servicio.

Aunque claramente tenemos sectores donde somos competitivos a nivel internacional como por ejemplo banca o energía, estamos presentes en otros muchos sectores que presentan muchas dudas estratégicas como la industria, automoción o el sector inmobiliario y que son una parte importante de nuestro PIB.

En los últimos meses hemos vivido la caída dramática del sector inmobiliario y ahora parece que está empezando una caída -que me temo que acabará siendo también dramática- del sector del automóvil que está afectando tanto a los fabricantes, sus empresas auxiliares y a todo el sector de concesionarios. Cuando las ventas al cliente final caen con la crudeza que están cayendo a nivel internacional en general pero particularmente en España, la industria en general tiene una posición complicada.

Cuando miramos a nuestro entorno, nos encontramos distintos modelos como por ejemplo países desarrollados donde el coste de mano de obra es alto pero que hacen productos/servicios de alto valor añadido. Un ejemplo claro de este posicionamiento es Alemania. Otro modelo podrían ser países emergentes con bajo coste de mano de obra y muchas veces de materia prima y energía. Ejemplos pueden ser los BRIC: Brasil, Rusia y Países del Este de Europa, India y China (y otros países asiáticos). También habría otro modelo que son países que tienen un posicionamiento destacado en un sector por recursos naturales o por un cluster bien desarrollado como por ejemplo Emiratos Árabes.

Pero, ¿dónde encontramos a España? Pues claramente no podemos competir a nivel I+D con los países punteros a nivel internacional y tampoco claramente podemos competir con los BRIC a nivel de costes (habiendo países donde los costes de mano de obra son inferiores a la décima parte que los de España), por lo que debemos buscar un camino estratégico y definir un posicionamiento que nos haga competitivo como país.

Además, todo esto tiene un problema adicional y es que si no tenemos un país competitivo, perderemos los dos recursos más importantes: el talento y la inversión internacional por lo que entraremos a una espiral de pérdida de competitividad altamente peligrosa.

Queda bastante claro que no tenemos un posicionamiento claro como país. Buscar un hueco en el posicionamiento de los costes bajos no es la solución, pues está muy relacionado con el nivel de desarrollo del país y por tanto es muy cíclico.

Entonces, partiendo de que nuestro posicionamiento tiene que ser coherente con ser un país con costes altos, debemos posicionarnos en un país desarrollado de alto valor añadido y tenemos muchas cosas por hacer. Las más importantes a nivel empresarial son (las relacionadas con la Administración las dejamos para otro artículo):
- Mejora del nivel de productividad tanto a nivel empresarial, como personal y de la Administración. El concepto productividad es indispensable a todos los niveles para conseguir organizaciones más competitivas con personas más felices trabajando en ellas. Además, la productividad de la Administración es indispensable para darle servicio a todos los ciudadanos.
- Innovación como una manera de entender el mundo buscando continuamente como hacer las cosas de una manera mejor.
- Internacionalización. En el que nuestras compañías entiendan que su mercado es el mundo.
- Cultura. Debemos inculcar todos los elementos que hemos comentado en nuestros valores a nivel país: productividad, innovación y formación.
- Una estrategia sectorial clara. Hay que reflexionar sobre los sectores en su conjunto y no invertir recursos en industrias/servicios de bajo valor añadido y concentrarnos en donde podamos aportar valor.

Como conclusión, a nivel país tenemos un mal posicionamiento pero con muchas oportunidades de mejora por lo que deberíamos empezar entre todos a trabajarlas a partir de mañana… Y como decía Kennedy, no te preguntes qué puede hacer tu nación por ti sino que puedes hacer tú por tu nación.

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Las 3Cs del 2009: caja, clientes y costes

No queda duda ya de que el mundo ha cambiado. Y en el ámbito empresarial y económico, es quizás donde más se está notando. En el año 2009 las prioridades en la gestión están cambiando y aunque mantenemos algunas, las prioridades de este año empiezan por C… las nuevas 3Cs son las que van a marcar el ejercicio: Caja, Costes y Clientes.

La Caja o tesorería, es decir el flujo real de efectivo, es el gran olvidado de la gestión de los últimos años y ahora ha vuelto con fuerza a primera plana. Vamos a tener que acostumbrarnos a un modelo de gestión distinto al de los últimos años obsesionados por gestionar cada euro que entra y sale de nuestra empresa. En este sentido, en uno de nuestros estudios obtuvimos un dato cuanto menos preocupante y es que el 77% de las empresas estudiadas no tenían un buen presupuesto de tesorería. Las grandes soluciones a corto plazo de la gestión de tesorería son cobros, pagos y existencias, es decir, cobrar lo antes posible, pagar lo más tarde posible y bajar los stocks al máximo con un nivel de servicio adecuado.

Volviendo a la segunda C, los Costes, tenemos que revisar nuestros sistemas de costes y analizar bien las rentabilidades por clientes, por productos y por unidades de negocio para eliminar los no rentables tal y como señalan las mejores prácticas. ¡Aquí puede estar la mitad del secreto para salir de la crisis con éxito!. El problema práctico que nos encontramos en las empresas es que pocas tienen unos sistemas de costes que funcionan con exactitud.

Volviendo a la última C, los Clientes siempre es un gran olvidado. En crisis muchas veces la obsesión por la caja y los costes nos hace olvidarnos que la cuenta de resultados (y los planes de tesorería) empiezan por la línea de ventas por lo que sigue siendo igual o más importante que nunca la satisfacción de los clientes. El cliente sigue siendo el rey, en el 2007, en el 2009 ¡y en el 2085!. Estamos en tiempos de reflexionar sobre si el mercado está dispuesto a pagar por nuestro producto/servicio ya que hay casos en los que directamente el negocio –la propuesta de valor- se ha acabado. Es cada vez más evidente que el low cost se va a imponer en los próximos años en España.

Como conclusión, las 3Cs del 2009 es una manera muy práctica y directa de cómo con pocos elementos asegurarnos una parte importante de cómo ser exitoso en tiempos de crisis.

Eduardo Navarro Socio director de IMPROVEN

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¿Por qué no hay más concursos de acreedores?

Aunque se hable de brotes verdes y todos nos esforcemos en buscar indicadores que apunten al optimismo, la realidad es que el día a día de las empresas y sus mercados sigue siendo duro. No se adivina la recuperación a corto plazo y es habitual encontrar en las empresas números rojos y caídas de ventas frente al año anterior entre el 30 y el 50%. De hecho, hay casos de sectores enteros en situaciones delicadas como el inmobiliario, los concesionarios de automóviles, auxiliar de construcción, retail moda, la industria, auxiliar del automóvil, etc.

En esta situación, el número de concursos de acreedores de empresas importantes es relativamente pequeño. ¿Por qué? Por un lado, porque las entidades financieras están haciendo todo lo posible para evitarlo y por otro, porque las empresas están optimizando su circulante (cobros, pagos y stocks), que al fin y al cabo es el parámetro clave para evitar el concurso.

¿Por qué se evitan los concursos? Se evitan porque no son una buena solución ni para las empresas ni para la banca. Para las empresas porque, por distintos motivos, menos del 5% de las empresas que entran en concurso llegan al convenio. A la banca tampoco le interesa que las empresas entren en concurso porque las provisiones son muy importantes. Hemos de tener en cuenta que un gran concurso (como por ejemplo cualquiera de las grandes inmobiliarias) tiene un impacto muy importante en la morosidad y los resultados de muchas entidades.

Y en contra de la opinión generalizada, quiero agradecer el papel de las entidades financieras. Aunque puede parecer que son el malo de la película, la realidad es que, gracias a su actitud en esta crisis, se está evitando un drama empresarial muchísimo más importante del que se está viviendo.

Aunque es más difícil el acceso al dinero que hace unos meses, en la actualidad está siendo relativamente sencillo conseguir refinanciar la deuda siempre que se compran algunas premisas básicas (plan de negocio claro, garantías, confianza, equipo, etc.). Esto está ayudando definitivamente a la viabilidad de las empresas y en un próximo artículo hablaré de las claves de éxito en el proceso de refinanciación. Aunque hay muchas variables: composición del pool, garantías, plan de negocio, etc., en las refinanciaciones, a efectos prácticos están apareciendo dos casuísticas muy diferentes: cuando hay garantías suficientes para la refinanciación y cuando no las hay. En el primer caso, la decisión es relativamente sencilla para la banca ya que se encuentran una empresa que no puede pagar en los plazos y condiciones que se había comprometido y sólo hay dos opciones: refinanciar o concurso. Refinanciando la deuda, la banca consigue una mejora de garantías, márgenes y retrasar el problema. Además, con un poco de suerte, la empresa podrá repagar la deuda y el problema se habrá solucionado.

Sin embargo, en los casos en los que hay escasez de garantías, la situación es más complicada. Por ejemplo, ahora estoy en una refinanciación con una deuda total en torno a 500 millones (en la que no hay garantías adicionales) en la que uno de los bancos tiene una posición de 120 millones. Para que la empresa no tenga problemas de tesorería los próximos tres años es necesaria una inyección de 20 millones de liquidez además de carencias. Ante esta situación, la pregunta que se hace el banco es ¿refinancio, concedo carencias y aporto mi parte proporcional de los 20 millones (4,8) o se va a concurso y tengo que provisionar una cantidad mucho más importante? La respuesta habitual es la primera.

 Tal y como señalaba este ejemplo, está siendo muy habitual la refinanciación esperando que el entorno mejore en unos meses o años. Conceptualmente, lo que se está haciendo es tirar la pelota hacia delante y ver qué puede pasar a nivel macroeconómico en el futuro próximo. Por tanto, hay dos alternativas, que la economía empiece a crecer de una manera importante y todo este problema se resuelva. O que no lo haga y haya multitud de concursos de acreedores los próximos meses provocando un efecto goteo que puede tener un importante impacto psicológico generalizado.

De hecho, en los últimos meses las entidades financieras han empleado la dación en pago para solucionar una parte de los problemas (principalmente en el sector inmobiliario aunque también en otros casos). Pero tras la fase de pago con activos (dación en pago), el movimiento que cada vez llega con mayor fuerza es que las entidades financieras se están quedando con paquetes de acciones de las empresas. Esto se debe a que dentro de las refinanciaciones o en procesos normales de financiación, en muchas ocasiones, se pignoran las acciones de la sociedad como garantía. El problema viene cuando la compañía no puede atender al repago de la deuda y las entidades financieras ejecutan esas garantías.

Hay algunos casos hasta el momento en empresas cotizadas, grandes inmobiliarias, alguna participada de capital riesgo, etc. Pero este es sólo el inicio de un movimiento que seguro que se va a multiplicar en los próximos meses y ante el que las entidades financieras se deben preparar.

¿Y qué harán los bancos en esta situación? Pues al igual que han creado empresas para gestionar sus activos inmobiliarios, deberán crear vehículos para sus participadas con problemas. Aunque muchas entidades financieras ya tienen carteras de participadas, el tratamiento que van a tener estas empresas va a ser radicalmente distinta debido a su casuística particular. En muchas ocasiones van a ser empresas en las que el propietario era el máximo ejecutivo y por tanto, la banca va a tener que asumir tanto la propiedad como la gestión. A diferencia de la gestión de carteras en tiempos de bonanza en las que sólo era necesario ir a la reunión del Consejo de Administración, en este tipo de sociedades, las necesidades de gestión van a ser mucho más importantes.

Ante esta situación, las entidades financieras tienen una amenaza y una oportunidad al mismo tiempo. Si usan los correctos mecanismos para gestionar esta situación puede generarles importantes plusvalías. Sin embargo, una incorrecta gestión les puede generar problemas en sus balances y cuentas de resultados.

Como conclusión, la banca con su actitud está ayudando a evitar un drama empresarial muy importante y por tanto, a la supervivencia de muchas empresas. Va a ser muy importante su rol en los próximos meses porque aún queda mucha crisis por delante y su impacto en el tejido empresarial dependerá mucho de las decisiones de las entidades financieras.

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Las 10 cualidades de los líderes para salir de la crisis

 

Si dirigir una empresa siempre ha sido complicado, más lo es en los tiempos que corren. No queda duda ya de que los líderes de las empresas y sobre todo, su actitud, influyen de manera decisiva en la marcha de sus compañías. Por eso, es imprescindible saber qué cualidades tienen aquellos que están siendo capaces de remontar la actual situación económica.

En IMPROVEN, después de haber estudiado a los directivos de 183 empresas, se extrae la conclusión de que tan sólo el 9% de los directivos analizados cuenta con, al menos, 7 de las actitudes del decálogo de las actitudes del buen líder. Pero, ¿cuáles son estas condiciones?

  1. Analiza la situación fríamente y acepta la nueva realidad.
  2. Toma grandes decisiones con firmeza. 
  3. Focaliza tu tiempo y tu esfuerzo en los temas clave.
  4. Transmite sensación de urgencia: velocidad incluso por encima de la precisión.
  5. Obsesiónate por los resultados a corto plazo, su planificación y su seguimiento.
  6. Transmite “realismo positivo” a tu equipo.
  7. Compromete a tu equipo.
  8. Vuelve a la austeridad y el esfuerzo.
  9. Sé sincero: dí siempre la verdad aunque resulte dura.
  10. Nunca olvides la responsabilidad social corporativa.

Del anterior decálogo se desprende que el análisis es el mayor amigo para la correcta toma de decisiones y la intuición es su peor enemigo. Ante una situación de cambio, es importante buscar las verdaderas causas de los problemas para no invertir tiempo en soluciones que no son adecuadas y es necesario hacer un correcto análisis, ser fríos e identificar donde está exactamente el problema.

Del mismo modo, la toma de grandes decisiones con firmeza se convierte en un aspecto clave. Tomar grandes decisiones es difícil, pero son las decisiones que hay que tomar para conseguir avanzar con solidez hacía el futuro. Así, abandonar una línea de negocio, redefinir la propuesta de valor de los últimos diez años, paralizar un lanzamiento de un nuevo producto en el que ya se han hecho grandes inversiones, eliminar una de las líneas de producto tradicionales son algunas de las decisiones complicadas que losa directivos deben acometer como paso previo para salvar su negocio.

Otro aspecto muy importante es focalizar el tiempo y el esfuerzo en los temas clave. Con un 20% de las líneas de acción resolveremos el 80% de los problemas por lo que debemos identificar claramente cuáles son y centrarnos en ellas.Aunque siempre hay cientos de cosas para mejorar, existen 4 ó 5 acciones que constituyen la mayoría de las mejoras que se pueden obtener.

Y un aspecto que en toda gestión de crisis tampoco se puede olvidar es la velocidad en la toma de decisiones. Por lo general, las empresas responden lentamente a la crisis, tardando de media 11 meses en detectarla y 17 meses desde que inicia la crisis hasta que se empieza a ejecutar. Además, ese no suele ser el momento donde se toman las “grandes decisiones” sino que se vuelve a actuar de una manera más contundente 7 meses más tarde. Con ello, nos encontramos que pasan 24 meses desde que inicia la crisis hasta que se toman decisiones contundentes.

Del mismo modo, los resultados a corto plazo y su seguimiento se convierten así en fundamentales para gestionar cualquier situación compleja. Las empresas que tengan escasez de liquidez -que son la mayoría en tiempos de crisis- deben obsesionarse con los resultados a corto plazo. El concepto de inversión debe desaparecer y debemos pensar en “exprimir” los recursos. Todo lo que no genere resultados en un plazo máximo de seis meses, hay que abandonarlo.

La actitud positiva es un elemento clave en la gestión de situaciones complicadas. Los líderes de la organización transmiten su estado de ánimo, la rumorología se dispara y demasiadas veces se gestionan mal estas situaciones y los líderes transmiten dudas y pesimismo.

El compromiso del equipo y la austeridad y el esfuerzo son otros de los valores que los líderes deben asumir como propios y ser capaces de transmitir. Tenemos que conseguir hacer más con menos y para ello necesitamos un equipo comprometido y motivado al cien por cien. Además, el líder ha de ser capaz de adaptarse a la situación para conseguir lo mejor del equipo transmitiendo un equilibrio entre urgencia, objetivos, compromiso y cohesión.

Pero además, el buen líder debe actuar con responsabilidad, pensando en las personas y en el entorno. En situaciones delicadas, es mejor malas noticias que mentir y si la verdad es dura y trae consecuencias negativas, hay que presentar junto a ella un plan que demuestre que esa situación se va a solucionar.

Pero es cierto que aunque en la teoría es fácil enumerar las condiciones que debe reunir cualquier directivo a la hora de afrontar la crisis, en la práctica es habitual encontrar directivos con algunas de estas actitudes aunque es muy difícil encontrar líderes que encarnen la mayoría de ellas. Mi consejo es dedicar una parte importante de su tiempo a pensar cuáles de estas cualidades podemos mejorar.

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Presentación de ‘¿Quieres salvar tu empresa?’ en la FNAC Valencia

Hoy a las 19.00 horas, Eduardo Navarro presenta su libro ‘¿Quieres salvar tu empresa?’ en la FNAC de San Agustín de Valencia. ¡No te lo pierdas! La asisitencia es libre y gratuita

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Página de Eduardo Navarro en Facebook

logo_facebook Hola,

Además de este blog, puedes encontrar mucha información en mi página de Facebook: http://www.facebook.com/eduardonavarroz
Espero tus comentarios!

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Tertulia en Canal 9, Televisión Valenciana

Hola, os dejo el video de Youtube de la tertulia en Canal 9 hablando sobre la presentación del libro ¿Quieres salvar tu empresa? así como de temas varios sobre la situación económica general y la crisis Tertulia de Eduardo Navarro en Canal 9, Televisión Valenciana (parte 1) y http://www.youtube.com/watch?v=eGqfPhs-kd4 (parte 2).

Puedes encontrar más videos en http://www.youtube.com/user/enavarroimproven

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